· 4 min de lectura · Leonardo Tapia
La fiebre del software en Venezuela: la IA hace fácil programar, pero no hace buenos productos
Con la llegada de la inteligencia artificial están saliendo sistemas por todas partes en Venezuela. Una reflexión sobre por qué la mayoría se ven poco trabajados y qué separa a un buen producto del resto.

Hay algo que vengo notando en estas semanas de octubre de 2026: en Venezuela están saliendo sistemas por todas partes. Apps de delivery, sistemas de inventario, puntos de venta, plataformas para escuelas, clínicas y condominios. Cada semana aparece uno nuevo en las redes. Es una auténtica fiebre del software, y tiene una causa clara: la inteligencia artificial.
En parte, es una gran noticia. Pero cuando uno abre esos sistemas y los usa, la mayoría cuentan otra historia.
La IA bajó la barrera de entrada
Según la encuesta para desarrolladores de Stack Overflow de 2025, el 84 % de quienes respondieron usa o planea usar herramientas de IA para programar, frente al 76 % del año anterior, y la mitad de los desarrolladores profesionales ya las usa todos los días. Hoy, una persona con una idea puede tener algo que funciona en un fin de semana. Eso hace pocos años era impensable.
Que más gente pueda construir es bueno. El problema es confundir «tener algo que funciona» con «tener un producto».
Lo que estoy viendo
- Estética genérica: la misma plantilla, los mismos degradados, los mismos íconos y los mismos textos de relleno. Sistemas distintos que parecen el mismo.
- O directamente sin estética: pantallas armadas sin jerarquía, sin espacios, sin una identidad que transmita confianza.
- Flujos que nadie pensó: para hacer algo sencillo hay que pasar por cinco pantallas, y lo importante está escondido.
- Sin arquitectura: todo mezclado, sin pruebas, sin respaldos y sin un plan para cuando haya mil usuarios en lugar de diez.
- Sistemas que no entienden a Venezuela: no manejan bien bolívares y divisas, no contemplan el pago móvil, se caen cuando falla internet.
También hay buenos productos, hechos con cuidado y con criterio. Pero son pocos, y se notan precisamente porque son la excepción.
Escribir código nunca fue lo difícil
La IA acelera lo que siempre fue la parte más mecánica del trabajo: escribir código. Pero lo difícil de construir un producto nunca estuvo ahí. Lo difícil es entender el negocio, decidir qué no construir, diseñar un flujo que cualquiera entienda sin manual, elegir una arquitectura que aguante el crecimiento y mantener el sistema funcionando cuando ya hay clientes que dependen de él.
La misma encuesta de Stack Overflow lo refleja: la mayor frustración de los desarrolladores con la IA, citada por el 66 %, son las soluciones «casi correctas, pero no del todo», y el 46 % desconfía de la precisión de lo que generan estas herramientas. La IA produce algo que parece terminado. Saber qué le falta sigue siendo trabajo humano.
Por qué esto le importa a quien compra software
Para un comercio o una empresa, un sistema mal hecho no es solo feo: es caro. Se cae en el peor momento, pierde datos, expone información de clientes o obliga a rehacerlo desde cero al año. Lo barato termina saliendo costoso, y el costo no siempre se ve en el presupuesto, sino en las ventas perdidas y en la confianza de los clientes.
Cómo reconocer un producto bien hecho
- Se entiende sin explicación: lo que más usas está a la vista y lo que no se usa no estorba.
- Tiene una identidad propia, coherente en cada pantalla, y no parece una plantilla.
- Responde rápido y funciona bien en un teléfono, con la conexión que tenemos.
- Alguien puede explicarte cómo protege tus datos y cómo se respaldan.
- Está pensado para cómo funciona un negocio aquí: divisas, pago móvil, facturación y cortes de luz.
- Quien lo construyó puede decirte qué pasará cuando crezcas.
La IA, bien usada, es extraordinaria
Nada de esto es un argumento contra la inteligencia artificial. Es una herramienta extraordinaria y la uso en mi trabajo. Pero una herramienta no reemplaza el criterio: en manos de alguien que sabe qué construir y por qué, multiplica la calidad; en manos de alguien que no lo sabe, multiplica los problemas a mayor velocidad.
La fiebre pasará
Como toda fiebre, esta también va a bajar. Muchos de los sistemas que hoy aparecen cada semana no estarán dentro de un año. Los que queden serán los que se construyeron con cuidado: con un producto pensado, una experiencia trabajada y una arquitectura que aguante. En un mercado lleno de software apurado, la calidad no es un lujo: es lo que va a marcar la diferencia.
Leonardo Tapia